Yo tambien me beneficio
A nivel personal, la experiencia del voluntariado me está enseñando muchas cosas. Aprendo cosas de mi misma. He aprendido que se puede vivir con muy poco (4€ diarios?)… y NO PASA NADA. La eterna pegunta que nos hacemos las mujeres cada mañana….¿Y hoy qué me pongo? Ha dejado de tener sentido. Llevo 20 días con los mismos zapatos, el mismo pantalón durante toda una semana y trato de ponerme la ropa más vieja que he traído.
Se puede prescindir de muchas comodidades, no ver la tele, moverte en transporte público o andando, ir llena de polvo, sin maquillar, despeinada y sin oler a perfume.
En 20 días llevo dos catarros y una gastroenteritis…
Como regular, a veces comida basura y a veces de los puestos, ceno un sándwich en mi habitación y solo de vez en cuando me permito algún lujo, como el Ceviche o un buen bistec.
¿Y qué?
La casa es horrible, mi habitación peor que una celda de un penal, las sábanas las mismas durante los 2 meses, el baño sucio, sin espejo, la ducha de lo atascada que está siempre se encharca, el lavabo está a punto de caer y salpica todo el agua, el agua de la ducha suele salir fría, las cucarachas se pasean libremente por la cocina y el baño y los tres perros y el gato de la casa, que les gusta colarse en mi habitación, también tienen sus propios animales de compañía…..pero de verdad que NO PASA NADA.
A pesar de todo me alegro de haber venido. Estoy segura de que todas estas incomodidades algún día me van a servir de algo. De momento el derroche, la ostentación y la opulencia me asquean. Aunque supongo que una vez que este en mi mundo estos sentimientos se adormecerán. Espero que no del todo.
Aprendo también de los demás. En primer lugar de los voluntarios, todos son gente especial, entregada, abnegada, generosa y con buen corazón. Como Pierre y Ángela, casualmente los dos homosexuales, ambos con pareja y ella con hijos, han dejado a sus familias en su mes de vacaciones para hacer el voluntariado. Que os pensabais qué todos los gays están en Chueca?
Y a mucha otra gente corriente, como la señora del mercado a la que compramos la verdura. Es una viejita entrañable, ha perdido a su hija y está al cuidado de sus nietos adolescentes. Ellos no le obedecen, le tratan mal, le insultan. Ella se levanta a las 2 de la mañana para atender su puesto en el mercado, para ganar la plata justa para comer. A pesar de todo, es la única que nos regala algo porque sabe que es para los niños de
O como esta niña, viene de las montañas, nunca fue a la escuela y ahora a sus 14 años ha decidido que no quiere ser una ignorante como su madre y ha entrado en la escuela, esta en 1°grado aprendiendo a leer, no le importa el ridículo y es feliz, integrada con sus pequeños compañeros. Es admirable!
Los niños también me enseñan que no hace falta tener cientos de juguetes, no hace falta ver la tele, no hace falta vestir la ropa de la marca de moda y que no hace falta obtener todo lo que se desea de forma inmediata para ser feliz. Tienen muchos amigos, viven en la calle, comparten escasos juguetes, una onza de chocolate o un simple helado entre varios.
Sonríen, no son caprichosos, ni exigentes.
A los únicos niños que no veo sonreír son a los que sufren de malos tratos en sus casas. Y son muchos. Sabemos quienes son porque viene con las marcas de la violencia. La plancha parece que es el arma preferida de sus agresores, bien el cable utilizado como látigo o bien la suela caliente en la cara.
Adolfo es uno de ellos, tiene una cara triste, pobre, cuando le miro se me encoge el corazón, que futuro le espera a este niño????